Vegano no siempre significa cruelty free

Vegano no siempre significa cruelty free

Hay una frase que escucho mucho cuando hablo de esto: «pero en Europa ya no se puede testar en animales, ¿no?».

Es verdad. Y a la vez se queda corta.

En la Unión Europea está prohibido testar en animales los cosméticos acabados desde 2004 y sus ingredientes desde 2009. Desde marzo de 2013 tampoco se puede vender aquí ningún cosmético testado en animales fuera de Europa, ni el producto ni sus ingredientes.

Hasta ahí, la parte cómoda. La parte incómoda es que esa ley habla del producto que se vende en Europa. No de la marca entera.

Una marca no vive solo aquí

Una firma puede cumplir el reglamento europeo de forma impecable y, a la vez, vender en mercados donde las reglas son otras.

El caso que siempre sale es China, y ha cambiado mucho. Desde 2021, los cosméticos importados de uso general pueden quedar exentos de los ensayos en animales. En julio de 2026 la exención se amplió a algunas categorías más. Es una buena noticia, pero no es automática: depende de la categoría y de condiciones que no todas las marcas cumplen. Además, los controles posteriores a la venta no han quedado excluidos de forma explícita.

Y pasa también al revés. Hay marcas de países sin una prohibición general, como Estados Unidos, que no testan porque han decidido no hacerlo. Eso, para mí, dice mucho más que cumplir una norma que no te queda más remedio que cumplir. Y hay marcas que eran cruelty free y dejan de serlo en cuanto entran en un mercado nuevo y les compensa.

Por eso «¿es cruelty free?» casi nunca tiene una respuesta de sí o no. Depende de dónde, de cómo y de quién lo verifica.

No me basta con que lo digan: miro quién lo certifica

En Europa, una marca no puede presentar «no testado en animales» como una ventaja. Las normas sobre reivindicaciones cosméticas no permiten vender como mérito lo que es simplemente cumplir la ley. Y lo que la ley europea no cubre (dónde más vende la marca, qué hacen sus proveedores) no lo resuelve una declaración de la propia marca. Lo resuelve saber quién certifica y qué certifica exactamente:

  • Cruelty Free International, el programa que conocíamos como Leaping Bunny, es el estándar más exigente en no testeo. Obliga a la marca a controlar también a sus proveedores, pasa auditorías independientes y hay que renovar el compromiso cada año. Certifica el no testeo, no el carácter vegano. En 2026 cambió el conejito por un logotipo propio, precisamente porque había demasiados conejitos por ahí sin ninguna auditoría detrás. Los criterios son los mismos; lo que cambia es el sello que hay que buscar.
  • PETA (Beauty Without Bunnies) se basa en una declaración firmada por la propia marca, sin auditorías independientes. Es decir, la marca se certifica a sí misma. Por eso no lo tomo como garantía.
  • The Vegan Society (el girasol) y V-Label certifican que no hay ingredientes de origen animal. También exigen que no se teste, aunque ese punto no lo controlan con el rigor de Cruelty Free International.

Y aquí es donde entra lo vegano

Cuando una marca dice «fórmula vegana» sin ningún sello, normalmente solo te habla de los ingredientes: nada de origen animal, ni cera de abeja, ni carmín, ni lanolina.

Pero el veganismo nunca fue solo eso. La definición de The Vegan Society habla de excluir, en la medida de lo posible, toda forma de explotación y de crueldad hacia los animales. El testeo incluido.

Así que puede ocurrir algo que suena absurdo y es perfectamente legal. Un producto sin nada de origen animal puede haberse probado en animales en algún punto de la cadena, y la marca puede seguir llamándolo vegano porque la palabra solo se aplica a la fórmula. Eso es la mitad del concepto, la mitad que le conviene al marketing.

Para mí, un producto solo es realmente vegano si también es cruelty free.

Qué significa esto en mi kit

Miro dónde vende la marca, qué política tiene fuera de Europa y quién se lo certifica. Cuando una marca cambia de postura, cambia también mi kit, aunque el producto me encante y lleve años trabajando con él. Me ha pasado.

Ninguna novia me ha preguntado nunca por el reglamento europeo el día de su prueba, y tampoco espero que lo haga. Pero lo que lleva sobre la piel durante catorce horas el día de su boda lo elijo yo. Y me parece justo que sepa con qué criterio lo hago.

Para mí no es marketing. Es cómo elijo con quién trabajo.

Fuentes: Reglamento (CE) 1223/2009 sobre productos cosméticos (cap. V, art. 18); Reglamento (UE) 655/2013 sobre criterios comunes de las reivindicaciones; disposiciones de la NMPA china sobre registro y notificación de cosméticos (mayo de 2021 y Anuncio n.º 70 de julio de 2026); criterios de Cruelty Free International; definición de veganismo de The Vegan Society.